Trabajo sobre WordPress: performance, seguridad, actualizaciones y despliegue. Un sitio o cincuenta, con inventario de lo que hay instalado y vigilancia de qué cambió y cuándo.
Después de años administrando sitios ajenos, casi todo lo que llega entra en dos categorías. La primera es de la que la gente se queja; la segunda es la que hace daño de verdad.
La lentitud se ve. El compromiso no: un sitio intervenido sigue funcionando igual de bien —esa es justamente la idea de quien lo intervino— y se descubre semanas después, cuando el buscador lo marca o cuando el proveedor de correo empieza a rechazar todo lo que sale de ese servidor.
Medición real del tiempo de respuesta y de las consultas que lo causan, caché en la capa que corresponda, revisión de la base y del peso de los recursos. Sin recetas: el mismo plugin de caché que salva a un sitio hunde a otro.
Qué hay instalado, qué versión, quién lo mantiene todavía y qué se puede sacar directamente. Actualizaciones ensayadas en una copia antes de tocar producción, y un procedimiento de vuelta atrás que se probó al menos una vez.
Un sitio sano cambia solo cuando vos lo cambiás. Todo lo demás —un archivo nuevo en el directorio
de subidas, un .php modificado a las tres de la mañana, un administrador que
apareció— merece una alerta el mismo día y no dentro de un mes.
Esto es exactamente lo que estoy construyendo en Centinela: un agente libre que se instala en cada sitio y reporta qué archivos cambiaron, y un servidor que consolida la flota entera en una sola pantalla. Todavía no está publicado; cuando lo esté, el agente va a ser software libre.
Todo en contenedores, con proxy y certificados que se renuevan solos, entornos separados para pruebas y producción, y copias de seguridad que se restauran de verdad. Sobre tu infraestructura o sobre una que te arme.
Con la auditoría técnica a precio cerrado. Te queda el informe con lo que encontré, ordenado por lo que más duele, lo arregle yo o lo arregle otro. Si ya sabés lo que necesitás, escribime directamente.